Opinión

  • Aphex Twin | SELECTED AMBIENT WORKS. VOLUME II (1994)

    Aphex Twin | SELECTED AMBIENT WORKS. VOLUME II (1994)
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    En estos días estoy descubriendo la discografía del irlandés Aphex Twin, sin duda uno de los artistas más interesantes y prolíficos de la electrónica actual. Aquí os dejo esta pequeña perla, de casi 9 minutos, de uno de sus discos más intimos.

  • Expo FRANCIS BACON: LA CUESTIÓN DEL DIBUJO

    Expo FRANCIS BACON: LA CUESTIÓN DEL DIBUJO
    Círculo de Bellas Artes, Madrid (hasta el 21 de mayo)
    Precio: 4 €

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    Muy recomendable para los interesados en las artes plásticas esta expo recién inaugurada que descubre esta inédita —y hasta ahora desconocida— faceta de dibujante del maestro de la deformidad.

    Expo FRANCIS BACON: LA CUESTIÓN DEL DIBUJO

    Expo FRANCIS BACON: LA CUESTIÓN DEL DIBUJO (Madrid. Febrero 2017)

     

  • Expo FICCIONES Y TERRITORIOS | Centro de Arte Reina Sofía

    Expo FICCIONES Y TERRITORIOS (Recientes adquisiones)
    Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía | Madrid
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    Expo FICCIONES Y TERRITORIOS (Recientes adquisiones) Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía | Madrid

    Zoe Leonard | Expo FICCIONES Y TERRITORIOS | Centro de Arte Reina Sofía | Madrid

    Aún echándose (mucho) de menos la pintura y la escultura (!) contemporánea en esta expo de recientes adquisiones hay sitio, y lugar, para disfrutar y sorprendenderse. Como la sala nº 1 (de la que os traigo esta foto), con una increíble serie de 412 fotografías de tiendas realizadas en distintos países del mundo por Zoe Leonard, que hace que merezca la pena darse una vuelta por Atocha.

  • György Ligeti | Poema sinfónico para 100 Metrónomos (1962)

    Comienza en en el minuto 1:20 y termina en el 7:07.
    Seis minutitos de lluvia torrencial. (Puro ritmo o puro metrónomo, según se mire)

  • Música sin ritmo | Sobre algunas músicas contemporáneas

    Me pide el amigo JLG, del FB, que le diga mi opinión sobre si se puede considerar música lo que no tiene ritmo. Complicada labor para alguien que no es más que un aficionado, sin embargo lo voy a intentar.

    La música más primitiva era el tam-tam y era puro ritmo (incluso hay un video de un arqueólogo circulando por la red que ha hecho un xilófono de piedra, que habría que llamar petreófono, con el que saca sonidos realmente interesantes). Ahí empezó todo, nada de armonía y mucho ritmo.

    La cosa evoluciona cuando se taladran unas cañas, se sopla por un extremo y sale un sonido fluido, como el viento entre las ramas, con el que se organizan sonidos que podríamos llamar armónicos y con eso —y unas arpas con mínimas cajas de resonancia— se van a apañando hasta más allá de la cultura helenística.
    Luego —en Occidente al menos— se produce la hegemonía de lo que se llamó música sacra, sobre todo vocal y encerradita en los templos, en la que los instrumentos eran meros telones de fondo para los salmos entonados con los ojos en blanco. La voz humana siguiendo una pauta escrita previamente. Es el triunfo definitivo de la armonía. El tambor sólo lo tocaban los pobres y los ejércitos cuando marchaban por los innumerables campos de batalla que se prolongaron hasta las puertas de Renacimiento en el que parece que ya hay laúdes con finas sonoridades, vihuelas de muchas cuerdas y otros instrumentos altamente refinados y ya está casi todo dicho —al menos en Occidente —.

    Al margen de la música popular, voz, guitarra y percusión, que seguía llenando las tabernas y los cruces de caminos, me da la impresión que son los ingleses en su Renacimiento, a mediados del 1500 aproximadamente, la época de Elisabeth I, con un compositor tan lúcido como John Dowland, los que empiezan a considerar la música como algo refinado y digno de estar en las cortes y los salones —y no solo en las iglesias y los conventos—, los compositores son subvencionados para trabajar al servicio de los nobles y surge la música culta y privada, probablemente en 1600 con Purcell y sus congéneres (mientras Vivaldi y Bach en el continente están poniendo todo patas arriba), después ya viene Handel y su “Música Acuática” a principios de 1700 y, entre unas cosas y otras, queda el camino sembrado para una música al servicio de cualquiera que pueda hacerse con una partitura y tocar mínimamente un instrumento.

    Para el inicio del 1800 ya se había inventado el metrónomo como lo conocemos hoy en día y la mayoría de los nombres que llenan las enciclopedias musicales ya habían nacido, dado su aporte a este edificio monumental y muerto con más o menos fortuna.

    En qué poquito tiempo ha pasado todo, ¿verdad?

    Desde que todo era ritmo en la prehistoria, pasando por cuando se crea la armonía y llegando hasta ahora, a estos tiempos extraños en los que se dice que es posible que la ausencia de alguno de estos factores no afecte sustancialmente para que siga habiendo música.

    Todo esto para decir que yo pienso que sí es posible que haya música sin ritmo, simplemente por el hecho de que los tiempos y las denominaciones que fijan las ortodoxias pasan, como pasó el Imperio Romano.

    Valgan como ejemplos algunas de las músicas compuestas por Brian Eno (últimamente creando música generativa, creada con ayuda de un programa informático y que al escucharse en dicho programa, usando las pautas que generó el compositor, suena cada vez distinta), de grupos de experimentación sonora —con décadas de trabajo a sus espaldas y muchos discos grabados— como Stars of The Lid con su música “drone” (es decir pura electrónica, sin percusión, sin bajos rítmicos ni instrumentos solistas o voces que destaquen. Un todo continuo simple, mecánico e hipnótico alejado de toda consideración musical en el sentido convencional, sin embargo dotado de un sentido armónico que lo transforma en un paisaje de fondo, grato y sugestivamente creativo), o el compositor Max Richter (con gran parte de su obra editada en el sello de música “clásica”, Deutsche Grammophon) con composiciones como “Moth-like stars” o “Space 26”, ambas de su álbum “Sleep”, basadas únicamente en pulsiones electrónicas para crear un paisaje sonoro, piezas que, desde luego, se salen del parámetro canónico, puesto que no responden a la esclavitud métrica marcada por el metrónomo. Valgan estos tres ejemplos, entre otros muchísimos artistas sonoros que están investigando (y creando) música carente de ritmo, al menos como se entiende en el sentido convencional.

    Hay que mirar (y escuchar) hacia adelante. Siempre hacia adelante.

    Recordemos qué ocurrió en el s.XIX con la pintura Impresionista (hoy considerada por todos los modernos como un arte burgués y decadente) que, cuando comenzó a abrirse paso y tener visibilidad, los académicos la consideraron una aberración, diciendo que esos pintores no se podían considerar artistas sino salvajes ignorantes que manchaban lienzos.
    No vayamos a caer en los mismos errores tan solo por creer que lo que conocemos es lo único bueno y lo que merece ser aceptado, ya que estaríamos cayendo en actitudes que nos avergüenzan en otros y que nos producen risa. Como en «En busca del tiempo perdido» de Proust, el grito en el cielo que lanzan los Verdurin cuando ven por primera vez un cuadro Impresionista y que, cuando dicho movimiento se había consagrado, pocos años después, alardeaban de ser coleccionistas de cuadros de este estilo de pintura incluso antes de que este existiera.
    Los ejemplos que puedo poner con respecto al paralelismo de la música con las artes plásticas son infinitos, porque es más mi terreno, y que empiezan aproximadamente al inicio de los tiempos. ¿Cuántas críticas tuvo que soportar El Greco y sus cielos verdes? ¿Cuántos desplantes Goya por su populismo, chabacano a los ojos de los aristócratas?. A Corot los académicos lo consideraban un pintor impresentable, acusándolo de pintar a las modelos con los pies sucios (por su afición a los tonos grises y tierra), Dalí directamente fue expulsado de Bellas Artes de Madrid por descalificar a un tribunal de profesores, eso por no hablar de la vida de mierda de artistas considerados genios hoy en día, como Modigliani o Vincent…

    Igual que cuando apareció el Cubismo, ya casi en s. XX, que ocurrió otra vez ídem de ídem y, sin irnos tan allá, opiniones como las que escuchas cualquier día que estás haciendo una visita a las salas de la cuarta planta del Museo Reina Sofía, ante los cuadros de Joan Miró (¡todavía a día de hoy!) tienes que oír rebuznos del calibre de: “¡Esto mi nieto lo pinta mejor!”. Incluso tratándose de un artista español inmortal, ascendido al Olimpo del arte en el mundo entero y viene un señor, aficionado a la pintura realista (o probablemente no aficionado a ninguna pintura), que se permite opinar de este modo porque, a su manera, lo considera “poco canónico” solo por el hecho de que “no se sabe qué es eso que está pintado en el cuadro” o, todavía más peregrinamente, ignora “lo que el pintor quiso decir”. Ideas que nos retraen el pleistoceno de la cultura occidental, por tanto no pienso discutir con nadie en términos de música canónica —cargados como vienen de argumentos de hace quinientos años como ritmo, proporcionalidad y cadencia— porque me están demostrando que su cultura de música clásica se limita a las colecciones por fascículos que edita Sarpe Ediciones, colecciones en las que todavía no aparece un genio de la magnitud monumental de Erik Satie, porque todavía lo consideran demasiado moderno.

    Eso sí que es demasiado para mí.

    A los jóvenes que quieran iniciarse en la música hay que decirles que no hagan caso de nadie, que disfruten de lo que hace gozar sus oídos (y a la mayoría de hecho no hay que decírselo, que ya lo hacen por su propia cuenta y riesgo) y que si, además de gustarles la música se sienten con capacidad para interpretarla, lo pongan en práctica y lo experimenten, precisamente ahora que tienen innumerables herramientas que nosotros ni siquiera soñábamos con tener.

    Espero no haber hecho demasiadas disgresiones y haber respondido, al menos en parte, a la pregunta.

    Un saludo.

    Luis

  • Un texto de Brian Eno hablando del año 2016

    Brian Eno subió a su página el día 1 de enero de 2017 un texto hablando de la situación actual en el mundo que me ha parecido necesario traducir para que lo conozca más gente. Lo he traducido con ayuda de Google y mi pericia inventiva habitual, tratando de no distorsionar sus palabras, pero para que suenen bien en castellano. Ahí va.
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    2016/2017

    La mayoría de mis amigos está de acuerdo en que 2016 fue un año terrible y el comienzo de una larga decadencia que ni siquiera quieren imaginar.
    2016 fue un año muy difícil, pero me pregunto si es el final —no el principio— de esa larga decadencia. O por lo menos el principio del final… porque creo que hemos estado en decadencia durante unos 40 años, soportando un lento proceso de des-civilización, que realmente no he notado hasta ahora. Me recuerda la historia de la rana en la cacerola del agua de la calefacción.

    Este declinar incluye la transición del empleo seguro al empleo precario, la destrucción de los sindicatos y la reducción de los derechos de los trabajadores, los contratos de hora cero, el desmantelamiento del gobierno local, un servicio de salud desintegrado, un sistema de educación insuficiente gobernado por los resultados de los exámenes y notas medias, la estigmatización cada vez más aceptable de los inmigrantes, el nacionalismo precipitado y la concentración de prejuicios permitida por las redes sociales y por Internet.
    Este proceso de descivilización surgió de una ideología que se burlaba de la generosidad social y defendía una especie de egoísmo recto. (Thatcher: “La pobreza es un defecto de la personalidad.” Ayn Rand: “El altruismo es malo”). Este énfasis en el individualismo desenfrenado ha tenido dos efectos: la creación de una enorme cantidad de riqueza y la canalización de la misma en cada vez menos manos. En este momento las 62 personas más ricas del mundo son tan ricas como la totalidad de la mitad más pobre de habitantes del planeta. La fantasía de Thatcher/Reagan de que toda esta riqueza “fluiría” y enriquecería a todos los demás simplemente no ha ocurrido. De hecho ha ocurrido lo contrario: los salarios reales de la mayoría de personas han estado en declive durante al menos dos décadas, mientras que al mismo tiempo su perspectiva —y la perspectiva para sus hijos— parece cada vez más oscura. No es de extrañar que la gente esté enfadada y se aleje de las soluciones de siempre del gobierno. Cuando dichos gobiernos prestan más atención a quien tiene más riqueza las desigualdades que vemos ahora ridiculizan la idea de democracia. Como dijo George Monbiot: “La pluma puede ser más poderosa que la espada, pero el monedero es más poderoso que la pluma”.

    El año pasado la gente comenzó a despertar a esto. Muchos de ellos, en su enojo, cogieron el objeto más parecido a Trump y golpearon con él al Establishment en la cabeza. Pero eran sólo los despertares más llamativos y mediáticos. Mientras tanto, ha habido una agitación más silenciosa pero igualmente poderosa: la gente está reconsiderando lo que significa la democracia, lo que significa la sociedad y lo que necesitamos hacer para que funcionen de nuevo. La gente está pensando intensamente, y, lo más importante, pensando en voz alta, juntos. Creo que sufrimos una desilusión en masa en 2016 y nos dimos cuenta de que era hora de saltar de la sartén ardiendo.
    Este es el comienzo de algo grande. Implicará la participación: no sólo tweets y hacer click en un “me gusta”, sino también una acción social y una política reflexiva y creativa. Esto implicará darse cuenta de que algunas cosas que hemos dado por sentadas —como cierta apariencia de verdad en el periodismo, por ejemplo— ya no se puede esperar de forma gratuita. Si queremos buenos periódicos, con un buen análisis, tendremos que pagar por ello. Eso significa DINERO: apoyo financiero directo para las publicaciones y sitios web que luchan por contar la visión no-corporativa de la historia. De la misma manera, si queremos niños felices y creativos, tenemos que hacernos cargo de su educación, no dejarla a los ideólogos y a los que toman las decisiones. Si queremos generosidad social, entonces debemos pagar nuestros impuestos y deshacernos de los paraísos fiscales. Y si queremos a políticos que piensen, debemos dejar de apoyar a los que solo son carismáticos.

    La desigualdad devora el corazón de una sociedad, generando desdén, resentimiento, envidia, desconfianza, intimidación, arrogancia e insensibilidad. Si queremos cualquier clase de futuro decente tenemos que prescindir de todo eso y creo que estamos empezando a hacerlo.

    Hay tanto que hacer, tantas posibilidades, que 2017 tiene que ser un año sorprendente.

    Brian

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  • Las redes sociales, el individualismo y yo

    Se juntan varias cosas, por un lado viendo el documental sobre Steve Jobs «The Man in the Machine» (que desvela su perverso individualismo neo-místico, voraz y destructivo hacia todos los que le rodeaban) y reflexionando a la vez sobre las palabras de Zygmunt Bauman, a quién he descubierto a raíz de su muerte y a que, por obra y gracia del azar, al día siguiente de su fallecimiento vi otro documental, «The Swedish Theory of Love», este sobre la soledad de los suecos —en el que se hablaba sobre el individualismo como modelo institucional elegido por uno de los paises más desarrollados del planeta—, en el que casualmente aparecía este venerable filósofo polaco hablando sobre cómo las redes sociales han ido desdibujando la conexión real entre las personas sustituyéndola por otra comunicación virtual, carente de verdadera empatía…
    Vale, pero después de eso me observo a mí mismo y me veo que llego a una exposición de fotografía esta misma mañana y lo primero que hago es ponerme los auriculares y encender mi reproductor de música del teléfono porque no quiero oir los comentarios del típico listillo enterado que no falta en cada expo, que se ocupa de explicar a su círculo de amigos (de los que, por supuesto, siempre va acompañado) cómo se dibuja un pentágono perfecto o quién era Capablanca, a cuento de un alfil que había en una de las fotos, o cosas aún más peregrinas. O que cuando voy en el metro me voy al otro extremo del vagón, eso si no me cambio a otro, porque alguien está vociferando —en cualquier idioma— a su interlocutor lo bien que se lo ha pasado este finde o dónde se compró sus zapatillas de correr.
    Se habla de individualismo, sí, claro, pero no se puede generalizar porque “este mundo” es mucho mundo, digo yo. Importa también dónde se habla de individualismo ¿en medio de los campos de Soria que cantó Machado o en pleno centro de este Madrid del que Valle-Inclán renegó? Si el primero puede ser más o menos patológico el otro es puritita supervivencia. Y a continuación pienso si no será que a este mundo cruel llegó primero el individualismo, así, sordo, sin paliativos, el que grita crudamente “estoy harto de todo” con ese deseo de apartarse del ruido mundano que afecta al oído interno (el de la armonía estética) en medio de la batahola de las ciudades actuales y que luego, para dulcificarlo, llegaron las redes sociales… Porque, y me planteo seriamente, de verdad, ¿qué fue antes, las redes sociales o el feroz individualismo actual?
    Yo nunca he tenido muchos amigos, esa es la verdad, ni siquiera cuando era niño, no sé, lo de la pandilla y todo eso no era lo mío, de manera que todo lo que sea tener amigos, de mejor o peor calidad según los estandares al uso, para mí siempre es una novedad, sin embargo lo que sí puedo asegurar es que, viendo como va evolucionando la ciudad y la marabunta que la habita (y mi relación con ella), está claro que soy un individualista avant-la-red-social que ha descubierto una manera de no estar totalmente desconectado de mi generación —o incluso al corriente de una cierta actualidad que me pueda atañer, como la del mundo del arte o de los sonidos nuevos— primero, gracias a los blogs, hace más de diez años, y ahora por FB.
    Por tanto, concluyo que estar conectado con un cierto grupo humano de este modo, aunque resulte frívolo y superficial, ha obrado en contra de la opinión de los críticos (y filósofos) y que, al menos para mí, estar en la red y navegar por ella un ratito cada día, no me ha transformado precisamente en lo que llamaríamos un “animal social” pero sí a contribuido a des-individualizarme gratamente.

  • Max Richter | The Blue Notebooks (2004)

    Un regalo musical rico y sencillo, aquí, al alcance de la mano. Un piano solo, algunos violines, quizás el canto de un pájaro, y unas voces sugerentes —casi un murmullo—.

    No hace falta nada más en una noche fría como esta.
    47 minutos de vivencias sensoriales al otro lado de la realidad.

  • sobre el álbum «Reflection» de Brian Eno (2017)

    Empiezo diciendo que mis conocimientos musicales son de aficionado, por tanto, por favor, corríjanme si me equivoco: el software que comentaba ayer, el SSEYO Kone, que se empezó a desarrollar en los años 90, (y con el que Eno compuso el disco «Generative Music 1») es capaz de generar una estructura musical a partir de unas pautas —ritmos, normas y sonoridades—, que se le introducen y con ellas construir combinaciones distintas con las que el compositor puede trabajar, eligiendo aquellos fragmentos que resultan más interesantes para el objetivo buscado. A todo esto hay que añadir que dicho programa está dotado a su vez de un reproductor (aplicaciones que actualmente se encuentran para su descarga para dispositivos móviles, sobre todo, y más completos, para dispositivos Apple) al que puedes «cargar» uno de estos temas musicales previamente compuestos para dicho sistema y, seleccionando en su tablero digital determinados parámetros, poner en marcha una pieza distinta cada vez que la oyes, porque el dispositivo va seleccionando los elementos como entes independientes susceptibles de ser mezclados en un bucle infinito. La empresa que desarrolló dicho software se llama Intermorphic, en estos últimos tiempos ya que hace algunos años cambió de nombre, y uno de sus reproductores (o generadores) más célebres es el Mixtikl y atiende a la denominación de Generative Music Generator.
    Brian Eno, que es uno de los pocos compositores que ha trabajado con estos generadores, ha compuesto ya unas cinco piezas que están disponibles en

    http://www.generativemusic.com/scape.html.

    Este último disco, «Reflection», que era de lo que veníamos a hablar, está diseñado o generado de este modo y se supone que pasará a formar parte de esta lista de aplicaciones musicales que cada vez que las reproduzcas en un Mixtikl sonará distinta. Se trata de una composición drone, es decir pura electrónica, sin percusión, sin bajos rítmicos ni instrumentos solistas o voces que destaquen. Es un todo continuo simple, mecánico e hipnótico alejado de toda consideración musical en el sentido convencional pero sin embargo dotado de un sentido armónico que lo transforma en un ruido de fondo, grato y sugestivamente creativo. Esta creación está emparentada directamente con otras tres composiciones de Eno («Tuesday Afternoon», «Neroli» y «Lux») de las que soy un ferviente admirador y escuchador, así como con algunos de sus paisajes sonoros para instalaciones artísticas.

    A raíz de este disco Brian Eno ha dicho que cree que las consideraciones del término «Ambient» se han vuelto muy difusas y que estas composiciones drone entrarían más dentro de una categoría que él ha llamado Thinking Music (Música para Pensar).
    A mí, personalmente, me parece que es una música para todo lo contrario, es Música para No Pensar, es música para concentrarte, sí, pero no en ideas profundas sino en gestos profundos, en movimientos precisos y la primera «utilidad» que me viene a la mente de estas composiciones es la de acentuar la concentración en tu hobby favorito, ya sea este los trabajos manuales, cocinar, la mecánica, la jardinería o rellenar crucigramas y, sobre todo y desde luego, más que nada, es la música perfecta para trabajar. Y no es raro viniendo de un artista con una pulsión creadora aparentemente inagotable —y llena de matices y sugerencias— que a sus casi 70 años sigue estando a la vanguardia del arte sonoro.

  • Brian Eno | Generative Music 1 (1996)

    Empecemos el año 2017 con algo del futuro pasado. Hace veinte años Brian Eno grabó este disco, que se distribuyó en un “floppy disk” (el sistema de grabación digital y transporte masivo de datos del pasado) con las primeras piezas de «música generativa», grabadas con el software SSEYO Koan, un programa que, a partir de una base previa, generaba infinitas variaciones a la composición en todas sus posteriores escuchas. Yo he empezado el año aprendiendo algo sobre esto.

    Próximamente comentaré algunas cosas sobre «Reflection», el nuevo disco de Brian Eno compuesto también con la (incansable) colaboración de una máquina generativa y que se ha empezado a distribuir pasada la medianoche de hoy, primer día del año, (y que yo ya he comprado on-line y escuchado con detenimiento).

    Disfruten mientras tanto de estos primeros, deliciosos, balbuceos de la música drone antes de que sea demasiado tarde.

  • Ryuichi Sakamoto | BTTB (1999)

    Y para desearos a todos un Feliz Año 17 he pensado compartir un poco de la música más suave y delicada que se hace en estos tiempos: El piano de Ryuichi Sakamoto, esta vez en este álbum, llamado enigmáticamente BTTB —acrónimo de «Back To The Basics»—, y eso es precisamente lo que es, una selección de sus piezas primigenias interpretadas con piano solo y una sencillez inalterable que superará el paso del tiempo por los siglos de los siglos o, al menos, los siguientes eones…
    Saludos, entonces, y buena noche a todos.

  • Brian Eno | I Dormenti (1999)


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    Si quieren tener ustedes felices sueños esta noche y mejores despertares mañana, regálense el oído y escuchen un poquito de esta preciosa obra minimalista, creada por Brian Eno hace ya casi dieciocho años para la instalación de esculturas ‘I Dormienti’ —Los durmientes— del artista italiano Mimmo Paladino.

    40 minutos de música tranquila, perfectos para acompañar una buena cena, por ejemplo.

  • Disolución del Objeto Preciado | Exposición Antológica de Luis Pita en Madrid | 2016

    Disolución del Objeto Preciado | Exposición en Madrid 2016

    No vamos a negarlo más, esta es la exposición póstuma que me debería de hacer el Centro Cultural Conde-Duque de Madrid dentro de unos años, por tanto y en caso de duda, sugiero a sus organizadores —además de negociar con mis herederos— contactar con Ramón Benito, a quien desde ya propongo como comisario de dicha exposición antológica, en la que se descubrirá el gran potencial que escondía de mi obra y, sobre todo, que qué pena de muchacho, con lo buena gente que era, etc…

  • Malcolm McLaren | Paris (CD2)

    Malcolm McLaren, además de ser el manager y agente de los Sex Pistols y compartir taller de costura e imperdibles con Vivienne Westwood, musa del punk londinense, fue uno de los actores importantes en dar al hip-hop el prestigio que necesitaba. Quizás por todo esto a mí nunca me interesó demasiado, sin embargo McLaren también es el artista que creó el disco «Paris» (1994), una de las obras electrónicas más ricas y complejas que se han hecho en Europa. El caso es que ahora, después de llevar quince años oyéndolo, me entero que existe un «CD2», que salió en una edición deluxe, posterior a la que yo tengo, en el que se encuentra resumido todo el disco original pero sin apenas acompañamiento vocal. Las voces femeninas (Francoise Hardy, Amina y la seductora Catherine Deneuve) han desaparecido y eso lo hace especialmente grato porque es una especie de techno-house-muzak que llega a ser bailable incluso a veces.

    Disfruten, por favor, sin prejuicios de los 46 minutos de este pedazo de obra, que contiene además notables citas a la música inconfundible del maestro Erik Satie.

  • Angels in the Architecture | Varios autores (1989)

    Este disco delicioso fue una recopilación de Editions EG de temas de música ambient y experimental, y es perfecto para crear espacios sonoros, leer o trabajar relajadamente, con composiciones de Harold Budd, Brian Eno, Roger Eno, Roedelius, Jon Hassell, Penguin Cafe Orchestra y un Robert Fripp en su vertiente más sutil, entre otros.
    Esta rareza musical ha sido recompuesta en YouTube por alguien generoso con videos de distintas procedencias.

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    Como me parece de interés la lista de títulos y autores es esta:
    1. Gunfighter – Harold Budd
    2. Plateaux of Mirror – Harold Budd, Brian Eno
    3. Voices – Roger Eno
    4. Place in the Wilderness – Roger Eno
    5. Split Seconds – Bill Bruford, Patrick Moraz
    6. Kleine Blume Irgendwo (Little Flower Somewhere) – Roedelius
    7. Delta Rain Dream – Brian Eno, Jon Hassell
    8. Distant Village – Michael Brook
    9. Prelude and Yodel – Penguin Cafe Orchestra
    10. Sound of Someone You Love Who’s Going Away and It Doesn’t Matter – Penguin Cafe Orchestra
    11. Europe 80-1 – Phil Manzanera
    12. 1988 – Robert Fripp
    13. Chords That Bind – Robert Fripp
    14. Meditation 2 – Laraaji

  • Premiata Forneria Marconi | Il Banchetto (1973)

    Se podría dar una clase para explicar el rock progresivo de los años 70 usando solo un tema musical de 8 minutos, que es este «Il Banchetto» (El banquete), con la pequeña salvedad de que el tema no está cantado en inglés sino en italiano, porque este maravilloso grupo, Premiata Forneria Marconi, era la máxima rareza en el panorama europeo del momento.

    Con una inspiración clasicista, que bebía de lo medieval-renacentista, un poco al modo de Jethro Tull, pero con el fresco toque mediterráneo, y una estética en las portadas de sus discos realmente exquisita, fueron unos pequeños grandes entre los grandes.

    Un verdadera joya para refrescar memorias y espabilar conciencias.

  • Pink Floyd | Echoes

    El tema «Echoes» pertenece al disco «Meddle» (1971), sin duda el álbum menos conocido de Pink Floyd —creo que por el pésimo diseño de su portada, y no es broma, hasta el diseñador Storm Thorgerson, el mismo que hizo la cubierta de «Wish you where…», admitió que había cometido un error haciendo este diseño—.

    Es el disco posterior a «Atom Heart Mother» (1970) y anticipa la explosión que significó (para los Floyd y para nosotros) «The Dark Side of the Moon» (1973), un disco con el que comparte muchas cosas.

    «Meddle» es el primer disco suyo donde aparecen sonidos de animales («Seamus») y uno de los primeros samplers de la historia, con cientos de hooligans cantando el famosísimo «You’ll never walk alone», el himno del Liverpool FC, («Fearless»)… pero es este «Echoes» el tema que queda en su repertorio como una pieza fundamental, interpretándolo al año siguiente en la peli «Live at Pompeii» separado en dos partes, o en sus directos.
    Son 23 minutos de suculento fluído rosa ininterrumpido —una auténtica píldora concentrada—, perteneciente a este disco que hay que recuperar, en donde se resume gran parte de su brillante creatividad.

  • Restauración de la verja del Jardín Botánico de Madrid y recuperación del banco de piedra.

    Restauración de la verja del Jardín Botánico y recuperación del banco de piedra. Madrid

    Excelente la iniciativa del Ayuntamiento de Madrid de restaurar la verja del Jardín Botánico (en principio el tramo que va desde el Museo del Prado hasta la puerta principal del Jardín, en el Paseo) y, sobre todo, recuperar el histórico banco de piedra que corre a lo largo de todo el Jardín y que fue cubierto (¡de cemento!), hace unos diez años, por una infame actuación de Ayuntamiento de entonces, como solución del tipo Atila, cuando se reformó la Cuesta de Moyano y se trajeron temporalmente las casetas de la Feria del Libro al Paseo.

    En fin, que parece que la ignominia a la que se sometió a dicho banco de piedra histórico, donde se sentaba la gente que ya hacía siglos iba «de paseo por el Prado», va a ser subsanada.

    En la foto, hecha hace dos días, se aprecia ya parte del banco por fin despejado del relleno que lo cubrió completamente y las columnas que sostienen la verja en proceso de restauración.


    Una excelente noticia para los que seguimos disfrutando de pasear por el centro de la ciudad (y nos gusta sentarnos de vez en cuando).

  • Brian Eno & Harold Budd | Ambient 2 – The Plateaux Of Mirror (1980)


    El espacio terrestre se reencuentra con el lugar donde trascurren los sueños. Un mapa que se transforma en un territorio. La unión de dos espíritus libres. Una de las obras fundamentales del sonido «ambient» y que marcó el devenir de la música electrónica de los siguientes años.
    Paz, alegría y libertad de movimientos durante 40 minutos etéreos.