sobre el álbum «Reflection» de Brian Eno (2017)

Empiezo diciendo que mis conocimientos musicales son de aficionado, por tanto, por favor, corríjanme si me equivoco: el software que comentaba ayer, el SSEYO Kone, que se empezó a desarrollar en los años 90, (y con el que Eno compuso el disco «Generative Music 1») es capaz de generar una estructura musical a partir de unas pautas —ritmos, normas y sonoridades—, que se le introducen y con ellas construir combinaciones distintas con las que el compositor puede trabajar, eligiendo aquellos fragmentos que resultan más interesantes para el objetivo buscado. A todo esto hay que añadir que dicho programa está dotado a su vez de un reproductor (aplicaciones que actualmente se encuentran para su descarga para dispositivos móviles, sobre todo, y más completos, para dispositivos Apple) al que puedes «cargar» uno de estos temas musicales previamente compuestos para dicho sistema y, seleccionando en su tablero digital determinados parámetros, poner en marcha una pieza distinta cada vez que la oyes, porque el dispositivo va seleccionando los elementos como entes independientes susceptibles de ser mezclados en un bucle infinito. La empresa que desarrolló dicho software se llama Intermorphic, en estos últimos tiempos ya que hace algunos años cambió de nombre, y uno de sus reproductores (o generadores) más célebres es el Mixtikl y atiende a la denominación de Generative Music Generator.
Brian Eno, que es uno de los pocos compositores que ha trabajado con estos generadores, ha compuesto ya unas cinco piezas que están disponibles en

http://www.generativemusic.com/scape.html.

Este último disco, «Reflection», que era de lo que veníamos a hablar, está diseñado o generado de este modo y se supone que pasará a formar parte de esta lista de aplicaciones musicales que cada vez que las reproduzcas en un Mixtikl sonará distinta. Se trata de una composición drone, es decir pura electrónica, sin percusión, sin bajos rítmicos ni instrumentos solistas o voces que destaquen. Es un todo continuo simple, mecánico e hipnótico alejado de toda consideración musical en el sentido convencional pero sin embargo dotado de un sentido armónico que lo transforma en un ruido de fondo, grato y sugestivamente creativo. Esta creación está emparentada directamente con otras tres composiciones de Eno («Tuesday Afternoon», «Neroli» y «Lux») de las que soy un ferviente admirador y escuchador, así como con algunos de sus paisajes sonoros para instalaciones artísticas.

A raíz de este disco Brian Eno ha dicho que cree que las consideraciones del término «Ambient» se han vuelto muy difusas y que estas composiciones drone entrarían más dentro de una categoría que él ha llamado Thinking Music (Música para Pensar).
A mí, personalmente, me parece que es una música para todo lo contrario, es Música para No Pensar, es música para concentrarte, sí, pero no en ideas profundas sino en gestos profundos, en movimientos precisos y la primera «utilidad» que me viene a la mente de estas composiciones es la de acentuar la concentración en tu hobby favorito, ya sea este los trabajos manuales, cocinar, la mecánica, la jardinería o rellenar crucigramas y, sobre todo y desde luego, más que nada, es la música perfecta para trabajar. Y no es raro viniendo de un artista con una pulsión creadora aparentemente inagotable —y llena de matices y sugerencias— que a sus casi 70 años sigue estando a la vanguardia del arte sonoro.

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