Sobre la POSTFOTOGRAFÍA

Sobre la POSTFOTOGRAFÍA

Tengo que decir que no me sorprende que gente más inteligente que yo haya hecho una reflexión notablemente más atinada que la mía a la hora de hablar de la fotografía actual y que cuando —al final de la página de fotografía de mi sitio web— yo digo claramente que no me considero un Fotógrafo sino más bien un «Fotografiador», venga ahora yo a descubrir que, hace ya tres o cuatro años, mi admirado Joan Fontcuberta acuñó el término «Postfotografía» para definir exactamente eso para lo que yo necesito diez veces más palabras: «soy uno que durante los últimos catorce años ha ido por la vida con una cámara casi a cualquier lugar, enfocando a distintos intereses…»

Y, no solo eso, sino que en mi blog, iniciado en 2007 (y ahora clausurado), «Recuerdos a Olvidar» —en donde reproducía imágenes del absurdo cotidiano— hice alarde, sin saberlo, de ser un pre-postfotógrafo, ya que ese blog era diario y contenía solo fotografías hechas por mí mientras caminaba incansablemente, con mi cámara en el bolsillo, retratando todas las cosas absurdas con las que me cruzaba en la ciudad. Rótulos mal escritos, señales o carteles puestos al revés o significando lo contrario de lo que querían decir e imágenes que capturaba del ordenador con un sentido similar, cumpliendo, sin saberlo, con el precepto de Apropiacionismo, básico en la Postfotografía
Pero, es más, tengo que añadir que este mismo año, apenas hace un par de meses, cuando regresé de mi último viaje, escribí en mi web recién terminada de hacer: «Ahora que mi cámara es mi memoria, dentro de poco este será uno de los escasos recuerdos que queden de mi último viaje», cumpliendo así, con nueve años por medio y sin todavía haber oído hablar de ella, otros dos de los preceptos fundamentales de la Postfotografía: primero, Fotografiar Para Olvidar y, después, Fotografiar Para Recordar.

A todo esto todavía no tengo muy claro si es bueno sentirse reconocido en uno de los colectivos más numerosos que existen actualmente, el de los «Fotografiadores» (y este término sí que es mío y solo mío) y estar sintonizado con la Postfotografía, es decir, no ser más que un grano de arena en la playa o, peor aún, un grano de arena en el Océano, especialmente si ese océano tiene las proporciones gargatuescas que alcanzan los dilapidadores de JPGs —sean para olvidar o para recordar— hoy en día.

Lo cierto es que Fontcuberta acuña el término, lo dignifica y además escribe un ensayo, «La Furia de las Imágenes», cuyo solo título pone los pelos de punta sobre todo porque creo, sinceramente, que no habrá vacuna para esta tecnopatología compulsiva.

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