Opinión

  • Ryuichi Sakamoto | BTTB (1999)

    Y para desearos a todos un Feliz Año 17 he pensado compartir un poco de la música más suave y delicada que se hace en estos tiempos: El piano de Ryuichi Sakamoto, esta vez en este álbum, llamado enigmáticamente BTTB —acrónimo de «Back To The Basics»—, y eso es precisamente lo que es, una selección de sus piezas primigenias interpretadas con piano solo y una sencillez inalterable que superará el paso del tiempo por los siglos de los siglos o, al menos, los siguientes eones…
    Saludos, entonces, y buena noche a todos.

  • Disolución del Objeto Preciado | Exposición Antológica de Luis Pita en Madrid | 2016

    Disolución del Objeto Preciado | Exposición en Madrid 2016

    No vamos a negarlo más, esta es la exposición póstuma que me debería de hacer el Centro Cultural Conde-Duque de Madrid dentro de unos años, por tanto y en caso de duda, sugiero a sus organizadores —además de negociar con mis herederos— contactar con Ramón Benito, a quien desde ya propongo como comisario de dicha exposición antológica, en la que se descubrirá el gran potencial que escondía de mi obra y, sobre todo, que qué pena de muchacho, con lo buena gente que era, etc…

  • Malcolm McLaren | Paris (CD2)

    Malcolm McLaren, además de ser el manager y agente de los Sex Pistols y compartir taller de costura e imperdibles con Vivienne Westwood, musa del punk londinense, fue uno de los actores importantes en dar al hip-hop el prestigio que necesitaba. Quizás por todo esto a mí nunca me interesó demasiado, sin embargo McLaren también es el artista que creó el disco «Paris» (1994), una de las obras electrónicas más ricas y complejas que se han hecho en Europa. El caso es que ahora, después de llevar quince años oyéndolo, me entero que existe un «CD2», que salió en una edición deluxe, posterior a la que yo tengo, en el que se encuentra resumido todo el disco original pero sin apenas acompañamiento vocal. Las voces femeninas (Francoise Hardy, Amina y la seductora Catherine Deneuve) han desaparecido y eso lo hace especialmente grato porque es una especie de techno-house-muzak que llega a ser bailable incluso a veces.

    Disfruten, por favor, sin prejuicios de los 46 minutos de este pedazo de obra, que contiene además notables citas a la música inconfundible del maestro Erik Satie.

  • Angels in the Architecture | Varios autores (1989)

    Este disco delicioso fue una recopilación de Editions EG de temas de música ambient y experimental, y es perfecto para crear espacios sonoros, leer o trabajar relajadamente, con composiciones de Harold Budd, Brian Eno, Roger Eno, Roedelius, Jon Hassell, Penguin Cafe Orchestra y un Robert Fripp en su vertiente más sutil, entre otros.
    Esta rareza musical ha sido recompuesta en YouTube por alguien generoso con videos de distintas procedencias.

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    Como me parece de interés la lista de títulos y autores es esta:
    1. Gunfighter – Harold Budd
    2. Plateaux of Mirror – Harold Budd, Brian Eno
    3. Voices – Roger Eno
    4. Place in the Wilderness – Roger Eno
    5. Split Seconds – Bill Bruford, Patrick Moraz
    6. Kleine Blume Irgendwo (Little Flower Somewhere) – Roedelius
    7. Delta Rain Dream – Brian Eno, Jon Hassell
    8. Distant Village – Michael Brook
    9. Prelude and Yodel – Penguin Cafe Orchestra
    10. Sound of Someone You Love Who’s Going Away and It Doesn’t Matter – Penguin Cafe Orchestra
    11. Europe 80-1 – Phil Manzanera
    12. 1988 – Robert Fripp
    13. Chords That Bind – Robert Fripp
    14. Meditation 2 – Laraaji

  • Premiata Forneria Marconi | Il Banchetto (1973)

    Se podría dar una clase para explicar el rock progresivo de los años 70 usando solo un tema musical de 8 minutos, que es este «Il Banchetto» (El banquete), con la pequeña salvedad de que el tema no está cantado en inglés sino en italiano, porque este maravilloso grupo, Premiata Forneria Marconi, era la máxima rareza en el panorama europeo del momento.

    Con una inspiración clasicista, que bebía de lo medieval-renacentista, un poco al modo de Jethro Tull, pero con el fresco toque mediterráneo, y una estética en las portadas de sus discos realmente exquisita, fueron unos pequeños grandes entre los grandes.

    Un verdadera joya para refrescar memorias y espabilar conciencias.

  • Pink Floyd | Echoes

    El tema «Echoes» pertenece al disco «Meddle» (1971), sin duda el álbum menos conocido de Pink Floyd —creo que por el pésimo diseño de su portada, y no es broma, hasta el diseñador Storm Thorgerson, el mismo que hizo la cubierta de «Wish you where…», admitió que había cometido un error haciendo este diseño—.

    Es el disco posterior a «Atom Heart Mother» (1970) y anticipa la explosión que significó (para los Floyd y para nosotros) «The Dark Side of the Moon» (1973), un disco con el que comparte muchas cosas.

    «Meddle» es el primer disco suyo donde aparecen sonidos de animales («Seamus») y uno de los primeros samplers de la historia, con cientos de hooligans cantando el famosísimo «You’ll never walk alone», el himno del Liverpool FC, («Fearless»)… pero es este «Echoes» el tema que queda en su repertorio como una pieza fundamental, interpretándolo al año siguiente en la peli «Live at Pompeii» separado en dos partes, o en sus directos.
    Son 23 minutos de suculento fluído rosa ininterrumpido —una auténtica píldora concentrada—, perteneciente a este disco que hay que recuperar, en donde se resume gran parte de su brillante creatividad.

  • Clint Mansell | Moon

    Si te mencionan las pelis «The fountain», «Pi», «Requiem for a Dream», «Black Swan» o la mucho más comercial (y bíblica) «Noah», encontrarás que todas tienen algo en común y es la música de Clint Mansell, un compositor que también posee el curioso record de haber compuesto el tema musical que más veces se ha usado en trailers de películas sin que luego este tema aparezca en la banda sonora ni en la película, que es la extraordinaria composición «Lux Aeterna», tema recurrente en el score de la perturbadora «Requiem for a Dream». Sin embargo es en «Moon» —dirigida por Duncan Jones— donde Mansell llega a la cima, encuentrando el equilibrio entre la vanguardia electrónica y los instrumentos clásicos para crear el decorado sonoro, relajado e inquietante a la vez, que era imprescindible para vestir esa joya minimalista de difícil clasificación que era «Moon».
    55 minutos de música inteligente y sutil en el más sencillo de los envoltorios. Ideal para leer y dejar pasar el tiempo en tu estación espacial imaginaria.

  • Brian Eno & Harold Budd | Ambient 2 – The Plateaux Of Mirror (1980)


    El espacio terrestre se reencuentra con el lugar donde trascurren los sueños. Un mapa que se transforma en un territorio. La unión de dos espíritus libres. Una de las obras fundamentales del sonido «ambient» y que marcó el devenir de la música electrónica de los siguientes años.
    Paz, alegría y libertad de movimientos durante 40 minutos etéreos.

  • Exposición | Marcel Broodthaers. Una retrospectiva

    Exposición | Marcel Broodthaers. Una retrospectiva
    Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.

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    ©Luis Pita Moreno | Entrada a la exposición «Marcel Broodthaers. Una retrospectiva»

    Fantástica, divertida, lúdica —y, sobre todo, paradójica— exposición antológica de este artista belga que estaba en contra de los Museos, que ponía en entredicho el valor de la obra de Arte y que en todas y cada una de sus obras se mofaba de la importancia del artista como generador de tendencias y ponía de manifiesto la inutilidad del artista como factor determinante de los hechos de la realidad. Un antiartista en tiempos del existencialismo. Un poeta protovanguardista, adelantado a su tiempo. Adelantado a todas las vanguardias de los últimos 50 años… adelantado al pop, adelantado al arte conceptual, adelantado al mínimal…
    Otro puto genio, este simpático y divertido.

  • Sobre la POSTFOTOGRAFÍA

    Sobre la POSTFOTOGRAFÍA

    Tengo que decir que no me sorprende que gente más inteligente que yo haya hecho una reflexión notablemente más atinada que la mía a la hora de hablar de la fotografía actual y que cuando —al final de la página de fotografía de mi sitio web— yo digo claramente que no me considero un Fotógrafo sino más bien un «Fotografiador», venga ahora yo a descubrir que, hace ya tres o cuatro años, mi admirado Joan Fontcuberta acuñó el término «Postfotografía» para definir exactamente eso para lo que yo necesito diez veces más palabras: «soy uno que durante los últimos catorce años ha ido por la vida con una cámara casi a cualquier lugar, enfocando a distintos intereses…»

    Y, no solo eso, sino que en mi blog, iniciado en 2007 (y ahora clausurado), «Recuerdos a Olvidar» —en donde reproducía imágenes del absurdo cotidiano— hice alarde, sin saberlo, de ser un pre-postfotógrafo, ya que ese blog era diario y contenía solo fotografías hechas por mí mientras caminaba incansablemente, con mi cámara en el bolsillo, retratando todas las cosas absurdas con las que me cruzaba en la ciudad. Rótulos mal escritos, señales o carteles puestos al revés o significando lo contrario de lo que querían decir e imágenes que capturaba del ordenador con un sentido similar, cumpliendo, sin saberlo, con el precepto de Apropiacionismo, básico en la Postfotografía
    Pero, es más, tengo que añadir que este mismo año, apenas hace un par de meses, cuando regresé de mi último viaje, escribí en mi web recién terminada de hacer: «Ahora que mi cámara es mi memoria, dentro de poco este será uno de los escasos recuerdos que queden de mi último viaje», cumpliendo así, con nueve años por medio y sin todavía haber oído hablar de ella, otros dos de los preceptos fundamentales de la Postfotografía: primero, Fotografiar Para Olvidar y, después, Fotografiar Para Recordar.

    A todo esto todavía no tengo muy claro si es bueno sentirse reconocido en uno de los colectivos más numerosos que existen actualmente, el de los «Fotografiadores» (y este término sí que es mío y solo mío) y estar sintonizado con la Postfotografía, es decir, no ser más que un grano de arena en la playa o, peor aún, un grano de arena en el Océano, especialmente si ese océano tiene las proporciones gargatuescas que alcanzan los dilapidadores de JPGs —sean para olvidar o para recordar— hoy en día.

    Lo cierto es que Fontcuberta acuña el término, lo dignifica y además escribe un ensayo, «La Furia de las Imágenes», cuyo solo título pone los pelos de punta sobre todo porque creo, sinceramente, que no habrá vacuna para esta tecnopatología compulsiva.

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